Te quiero contar algo.
Cuando tenía unos 9 o 10 años, abrieron una tienda de magia en el centro comercial de mi ciudad. En las vacaciones abrieron las vacantes para hacer un curso de mago y yo, curiosa al fin, logré que mi puesto se asegurara entre los primeros.
El curso nunca comenzó, pues no se llenaron las vacantes requeridas.
Yo creo que fue el puntapié para intuir que vendría todo un camino para aprender sobre lo mágico.
Hoy considero haber vivido algo de magia, pues hay momentos o experiencias precisas a los que yo no les encuentro explicación.
El haber encontrado mi lugar en un pueblo recóndito que hace 5 años no sabía que existía.
Que mi primera roomie en un país desconocido hoy sea de mis mejores amigas.
Que la vida me haya distanciado de vínculos que me hacían daño.
El, a pesar de tener todo planificado, haberme ganado una beca en un país totalmente impensado.
El poder disfrutar el último beso que, en su lecho de muerte, emitió mi tío, o él, a pesar de tantas millas de distancia, ser la última persona que habló con mi abuela.
Para mí, las casualidades no existen; existe la magia, existe Dios.